La propuesta partió del reconocimiento de los valores históricos del parque y su conformación gradual –y “orgánica”- a lo largo sus 35 años de existencia; paralelamente identificamos y caracterizamos a los actores y usos actuales del parque.
Cuatro entidades municipales diferentes, y la propia administración del parque, regulan y mantienen este espacio. La falta de planificación y liderazgo entre ellos, y a lo largo de los años, es evidente a través de la verificación del deterioro físico del parque y de la carencia de una estructura espacial única y singular.
El proyecto se inserta en un sistema urbano complejo y reconoce la vigencia de La Carolina por su rol de parque metropolitano, incrementando y mejorando sus condiciones paisajísticas y asegurando simultáneamente una fluidez en la circulación y el uso de sus instalaciones.

La necesidad de una mayor especialización del espacio y de orden se consigue conformando un margen de vegetación más denso y diverso hacia el borde (“borde verde”), por otra parte, un cuerpo aparentemente amorfo al centro combina los programas más activos y programáticamente más definidos del parque (“medula activa”). Su conformación en planta y alzado, la vegetación y la infraestructura edificada fomentan la activación de este espacio a través de lo “lúdico” y lo “espectacular”, a la par que descentraliza las actividades deportivas a lo largo del parque.

Censo de ocupación del parque durante un domingo entre 10:00 am y 1:00 pm. Hoy en día el parque recibe 50000 visitas al mes convirtiéndolo en el parque más visitado de la ciudad, pero también en una pieza urbana por excelencia. Participa de dinámicas urbanas complejas, y en múltiples escalas, y está estrechamente vinculado al imaginario de la ciudad.

Se identificaron al menos cuatro problemas relevantes que son los que se exponen en las imágenes de esta publicación: (i) la presencia de construcciones invasivas, (ii) escasa arborización, (iii) conflicto entre usos, y (iv) un desbalance y concentración de la infraestructura deportiva.

La propuesta implanta un segundo lago en el extremo norte del parque y varios cuerpos de agua más pequeños a lo largo del Eje de las Flores. Buscamos aumentar la superficie del agua en el parque para devolver la conciencia del gran acuífero que se encuentra a escasos metros de la superficie de La Carolina. Por su posición y tamaño, los lagos propuestos son elementos jerárquicos en la composición del parque. La ubicación del nuevo lago atrae la atención y la actividad de los visitantes al extremo norte del parque equilibrando la programación del parque y su estructura espacial.

Eje de las Flores: Un nuevo eje peatonal conecta los extremos norte y sur del parque, y lo vincula con infraestructura de importancia metropolitana –entre otras con dos estaciones del nuevo metro-. Este eje concentra la actividad cultural y comercial del parque y se acompaña con el paisajismo de cuerpos de agua y parterres de flores. Se incorporarán vendedores ambulantes a lo largo del eje, para ordenar las ventas de alimentos y flores enriqueciendo la experiencia del visitante.