El proyecto se “sepulta” para desaparecer casi por completo, convirtiéndose en un elemento integrador del complejo legislativo con el contexto urbano, y dejando como único punto focal al espléndido Palacio Legislativo; construido en 1960 al norte del Parque de La Alameda.
Complementariamente se diseñaron veredas, pavimentos, mobiliario público y arbolado mejorando la imagen del barrio en su conjunto, y apoyando su uso y apropiación por parte de peatones.
El terreno inclinado permitió la creación de plazas, en dos niveles diferentes, que introducen “aire” a este bloque urbano, y permiten simultáneamente la recuperación de algunas visiones distantes de la ciudad. Un eje peatonal y de ciclo vía vincula los dos niveles y se prolonga para comunicar los Parques de La Alameda y de El Ejido.

El edificio se entierra en cuatro niveles contados desde el nivel de planta baja del Palacio Legislativo, para reunir todos los elementos programáticos comunes a los miembros de la asamblea; destacándose como los más importantes: una biblioteca, un restaurante y los estacionamientos.

Secciones longitudinales a través de: los nuevos biblioteca, restaurante y estacionamientos (arriba) y del antiguo Palacio de Justicia rehabilitado en esta propuesta para oficinas de los legisladores (abajo)

Planta a nivel de biblioteca y restaurante. También se observan las rampas de acceso y salida del estacionamiento situado en dos niveles por debajo de este nivel.